El cerdo de incognito.- Apartidarios Políticos
Desde hace cuatro días se ha iniciado un movimiento en nuestro país que, cuanto menos, debe hacernos reflexionar. Un movimiento nacido de una necesidad de protesta ante lo irrespetuoso para con el pueblo desde la clase política.Tras el eslogan “Democracia Real Ya”, miles de personas en toda España se reúnen para alzar la voz en busca del derecho a ser oídos.
No os voy a mentir, en un inicio, y después de informarme profundamente sobre las bases de este movimiento pacífico, el escepticismo fue mi posición: creía que se trataba de un movimiento de inconscientes aburridos. Pasados dos días, tras mucho reflexionar, llegué a pensar que nos encontrábamos simplemente ante jóvenes inconformistas, con pretensiones utópicas y con un sentido de la realidad bastante turbio, apoyados por los oportunistas propios de cada momento más o menos mediático. Pero hoy, tratando de no tomar partido por una u otra posición, creo que me encuentro ante un grupo desordenado con pocas ideas claras pero con un ideal definido: transparencia y claridad como bases de lo que debiera ser una vida política, hoy en día corrupta no sólo en sus formas sino también en sus intenciones. Esto, lejos de ser una critica despectiva, es todo lo contrario, pues es un proceso de evolución lo que veo en está situación que podría traducirse en algo muy digno de ser recordado.
Lejos de ir a la calle con ellos, mi postura, los días anteriores, fue simple: apoyo la libre defensa de cualquier ideal que no implique el menospreciar el de los demás y que no conlleve una conducta violenta. Atento a cualquier novedad, hemos podido ver como, poco a poco, este movimiento desorganizado va tomando cordura, teniendo siempre presente su carácter independiente de cualquier partido político y desvinculandose de cualquier ideal que no sea el de pureza política. (para mi el mayor de los aciertos) Separándose por tanto del concepto perroflauta, anarquista, izquierdista o, incluso, castrista, que caracteriza estos movimientos; encuentro en “Democracia Real Ya” , al menos, un interesante punto de relfexión para todos aquellos políticos henchidos y satisfechos por un trabajo que jamás han realizado. Puesto que la palabra política nace en Grecia, como base para conocer la “polis” o ciudad, como instrumento para dirigirla hacia una situación próspera... el concepto político, en la actualidad, ha muerto. Ha sido pisoteado en su más amplio concepto por todos y cada uno de los que forman el enclave político actual. Negándose públicamente y abrazándose en privado por temas que, realmente, no les importan lo más mínimo si no conlleva el número suficiente de votos de una masa que, no nos engañemos, somos estúpidos.
Si no he estado con este movimiento desde un inicio es porque no creo en el ser humano como masa, y, poco a poco, he dejado de creer también en los individuos para defenestrar por completo al género humano. Sin embargo, estas concentraciones de carácter pacífico me están haciendo reflexionar de un modo que no recordaba para terminar planteandome lo cierto de mi conclusión: puede que todavía queden personas. Por supuesto es utópico proponer unas soluciones efectivas a unos problemas tan de base como los que nos encontramos en esta crisis en la que estamos inmersos, pero no es utópico el exigir transparencia de salarios, de obra y de intención en todo movimiento político. Transparencia en la toma de decisiones.Transparencia y cero en tolerancia con la corrupción en todos sus niveles. Aquí puede venir la confusión, al analizar la política actual como izquierdas o derechas, como PP o PSOE o como cualquier otro partido político. No, sería un grave error si el objetivo dejase de ser toda la política para centrarse en un solo grupo. O para decir este mas que el otro: todos apestan por igual. Todos a una, gente autoconsiderada conservadora o progresista, no hablamos de cual es el mejor sistema, hablamos de, sea cual sea, un sistema cristalino.
Otro activo contra estas nobles intenciones es, evidentemente, el carácter violento de los cuatro degenerados de turno: evitad incurrir en la violencia, pues esto os despojará de toda razón y se la volverá a otorgar a un gobierno y a un estado que se saben en la certeza de que, antes o después, estás concentraciones se traducirán en violencia. Evitadlo, expulsad a los que no son inconformistas y sólo son despojos en busca de violencia. Este debiera de ser también una de las bases de vuestros idearios. El peligro para este tipo de movimientos no es sólo el mencionado, sino que los propios partidos de los que, a partir de ahora, llamaremos viejas políticas, tratarán de hacerse eco de este movimiento con la simple intención de conseguir votos. Demostrad que no hay nadie detrás de estos movimientos, demostrad que no sólo sois jóvenes violentos aburridos, o parados sin más cosas que hacer que ir a una plaza. Moveos, pero sólo si lo sentis necesario. Levantáos, pero de un modo pacífico y siempre con la misma expresion de indignación en vuestro rostro.
Dicho todo esto, y siempre desde mi punto de vista, es muy posible que estos movimientos lleven a una reforma de los estatutos de los principales partidos políticos, sin embargo, recordad que la actual política la tenemos porque hemos permitido llegar a ella.



